• Jorge Sanabria

JEHOVA, EL GRAN YO SOY


Parte I

El Dios bíblico y su naturaleza


Cada #religión tiene su #dios(es) y cada uno tiene su #nombre(s) que lo identifica, diferenciándolo de todos los demás. Esta práctica es creada por el #Dios de la #Biblia con la única diferencia de que con cada nombre, el #Creador revelaba un detalle sobre sí mismo y su #naturalezadivina. En este tópico añadiré algunos títulos que el #Señor utiliza para referirse a Él mismo por el rico contenido de luz que arrojan sobre la naturaleza divina. Él no tenía necesidad de crear un punto y aparte entre las otras deidades, después de todo, eran creación suya. Nunca se trató de una lucha de poderes equivalentes o en iguales términos, como muchos han intentado de hacerlo ver y hasta el día de hoy persisten en enseñar. La constante lucha entre el bien y el mal o las tinieblas y la luz son el ejemplo de la #ilusiónreligiosa, producto de #creer la #mentira de #Satanás. La #verdad bíblica demuestra que la luz resplandece en las tinieblas y las mismas no pudieron contra ella (Jn. 1.5). Desde el principio, antes que todo aconteciese, Dios ya lo sabía y tenía un plan (Gn. 3.14- 15) que culminó en #Cristo #Jesús derrotando, no solo derrotando, exhibiendo públicamente derrotados a las potestades de las tinieblas en la cruz (Col. 2.15), venciendo no sólo al pecado o al diablo sino a la muerte misma (Ro. 6.9), tomando de regreso las llaves del reino (Ap. 1.18) pérdidas por Adán o sea nosotros. La supremacía siempre ha estado al lado del Señor sin cuestión a dudas.


Cap. 1

Yo Soy

La palabra yo es un pronombre persona (Definición tomada de la página web; https://es.thefreedictionary.com), esta clase de pronombres indica la persona que habla cuando se refiere a sí misma. En la psicología es definida como la parte consciente de la personalidad que controla la conducta; la filosofía lo define como el individuo en cuanto ser pensante en oposición al mundo exterior. Lo primero que debemos identificar es que al hacer uso de un pronombre personal, Dios se revela a sí mismo como una persona. No es una: fuerza, luz, viento, energía ni nada producto de la imaginación humana o por el estilo. Se identifica como un individuo y conforme a esto podemos decir que Dios tiene: un cuerpo [celestial 1 Co. 15.40], emociones [amor 1 Jn. 4.8 e ira Núm. 12.9 como ejemplos] y pensamientos (Jer. 29.8). En adición, el pronombre yo tiene una peculiaridad: identifica a quien ejecuta la acción mencionada en la oración. En este caso, yo, está acompañado de una conjugación del verbo ser , que puede conjugarse de las siguientes maneras: soy (en su tiempo presente), fui (pretérito perfecto simple), seré (futuro absoluto o imperfecto) sería (condicional) y continúa. No es casualidad el uso de un verbo. Un verbo denota una acción y conjugado abarca todos los tiempos existentes y posibles (presente, pasado, futuro y consiguientes). Aquí otra cualidad del Señor, existe y ve la imagen completa en todos sus tiempos. De más está decir que basados en esto a Dios nada le toma por sorpresa, su #palabra y #promesa no dependen de un tiempo o momento específico ni puede ser alterada por las circunstancias. Al momento que: habló o prometió, tal cosa es un hecho sin posibilidad de ser alterado, ya vio la promesa realizada en todos sus tiempos y posibilidades. Toda oposición ha sido considerada, nuestros errores en el camino han sido vistos y gracia provista. El plan ya creado continúa fluyendo acorde a su tiempo y voluntad sin posibilidad mínima de ser alterado, anulado, atrasado o incapacitado por nada ni nadie. Sin importar los eventos después de recibir la palabra, si las posibilidades están en nuestra contra, aunque ante nuestros ojos pareciese imposible, no importaría. Él es fiel (Dt. 7.9), veraz (Ro. 3.24) y poderoso para cumplir lo prometido (Job 36.5). La expresión “Yo Soy” fue utilizada en varias ocasiones por Dios; en todas y cada una de ellas un evento sobrenatural fue manifiesto, fuerzas incomprensibles operaron manifestando lo imposible en el plano físico. Discutiremos algunas de ellas. Dios (el Padre) se introduce como el gran Yo Soy en su conversación con Moisés (Ex. 3.2-14). Mientras Moisés pastoreaba las ovejas de Jetro, su suegro, ve la zarza ardiendo en fuego sin ser consumida por el mismo. La historia es rica en simbolismos y enseñanzas, pero el enfoque es la zarza en fuego sin ser consumida. Esto por sí mismo es un milagro, Dios no había dicho palabra alguna y un evento supernatural estaba aconteciendo. Las leyes físicas, me refiero a la ciencia y las barreras del razonamiento, fueron sobrepasadas por este evento mismo. Lo que le quiero decir es: si Dios le dijo o prometió tal o cual cosa, no preste atención a las leyes naturales, refiriéndome a las leyes del mundo físico, cuando el tiempo llegue serán sobrepasadas e incapaces de contener las leyes supernaturales impartidas por Dios. Jesús hizo uso de la expresión Yo soy; nuevamente eventos sobrenaturales acontecieron. La primera vez que el Maestro utilizó la expresión sus discípulos estaban en una barca, intentando cruzar al otro lado. La Biblia relata que las olas y vientos azotaban la embarcación con gran violencia. Debemos recordar que la gran mayoría de los doce eran pescadores, sin embargo; eran incapaces de atravesar la tormenta. No era la primera vez que se cruzaban con un fenómeno similar en alta mar. Poseían el conocimiento y habilidades para enfrentar un evento como este. Estaban familiarizados con aquellas aguas, sin embargo, no tenían la capacidad de atravesar o salir de 2 Conjugaciones tomadas de la página web Conjugación.es; https://www.conjugacion.es/delverbo/ser.php 6 aquella situación. Es mi opinión personal, no tengo ninguna base bíblica que soporte este argumento, que aquella tormenta tenía algo de sobrenatural en sí misma. Repentinamente vieron la imagen de alguien caminando sobre el mar y se turbaron hasta que Jesús les dijo: “Yo Soy”. Este evento fue tal que causando una impresión tan marcada, es relatado en tres de los cuatro evangelios (Mt. 14.27; Mr. 6.50, Jn. 6.20). El caminar sobre las aguas no fue el único milagro acontecido en esta ocasión, la tormenta cesó automáticamente cuando Jesús entró a la barca con sus discípulos (Mr. 6.51). Una vez más la historia es rica en su contenido, pero nos enfocaremos en dos cosas. Primer punto: caminando sobre las aguas. Los discípulos se encontraban en el centro del mar. No había un camino que lo llevara hasta ellos, esto no imposibilitó que el Maestro se reuniera con ellos; Él entonces decidió hacer lo imposible, posible, caminar sobre las aguas. La necesidad de un medio natural no será necesaria para alcanzar lo que Dios prometió. Cuando tal momento llegue; donde no había camino: Él creara caminos, proveyendo medios y recursos donde no existen, sencillamente en Dios un acto sobrenatural abrirá la senda por la que cruzaremos. Segundo punto en la historia: tan pronto el Señor entró a la barca la tormenta se calmó. No hubo necesidad de hablarle a la tormenta o reprender los vientos, la mera presencia de Jesús en la barca fue suficiente para acabar con ella. Sin importar la oposición u obstáculos nada podrá impedir que lleguemos al otro lado. Todo será removido porque Dios está al control. Las tormentas que vemos hoy, la oposición que experimentamos, las dificultades que sentimos no son algo permanente, tan pronto como el tiempo del Señor sea alineado con el predeterminado. Creará de la nada caminos, entrará a nuestra barca, los vientos desaparecerán como si nunca hubiesen estado presentes y con gran rapidez alcanzaremos aquello que parecía imposible. Por último, horas antes de ser crucificado Jesús se encontraba en el huerto con sus discípulos. Judas llegó al lugar con la multitud para aprenderle y entregarlo en mano de los judíos. Cuando le preguntaron, por Él mismo; les contestó: Yo Soy, la multitud retrocedió y cayeron al suelo (Jn. 18.5-6). Nuevamente al pronunciar, Yo Soy, un evento inexplicable acontece. Tan pronto le escucharon decirlo, la multitud, no una o dos personas; todos y cada uno de ellos retrocedió, cayendo al suelo. Esto no fue una coincidencia, pues fue repetido tres veces consecutivas anulando cualquier duda o “casualidad”. En cada ocasión que preguntaron, obtuvieron el mismo resultado. Levantándose nuevamente para preguntar, recibir la misma contestación: Yo Soy, volviendo a retroceder y caer. De primera impresión la multitud dando voces, caminando confiada en dirección a Jesús, con actitud agresiva y violenta podía verse intimidante. Sin embargo, una sola palabra del Maestro fue suficiente para forzarlos a retroceder y postrarlos en el suelo. Las veces que preguntaron no hizo diferencia, levantarse para otro intento no alteró el resultado. La próxima vez que la adversidad llegue a nosotros haciendo ruido en un intento de paralizarnos e intimidarnos; permanezcamos en silencio, confiados. Sabiendo que todo lo necesario es una sola palabra del Señor para que retrocedan y caigan. Sin importar cuanto ni con que persistencia nuestras 7 circunstancias regresen para volver a intentar, no cambiará el resultado final. Alcanzaremos lo que Jesús dijo que alcanzaríamos y eso nada ni nadie lo puede cambiar.

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